Existe todo un universo de solidaridad superficial y ficticia elevado a la mínima potencia.
-"Yo nunca violaría a un niño chico" se jacta y presume llenándose de moral a través de algo aberrante que nunca haría, y que encima no le supone ningún esfuerzo no hacerlo.
-"Yo nunca tiro las colillas a la arena cuando voy a la playa" presume uno de albacete en el mes de diciembre
-"No entiendo a la gente que no ayuda al tercer mundo" presume un empresario que destina parte de su presupuesto a fines sociales para pagar menos dinero a hacienda a final de año.
Oportunismo vestido de solidaridad y situaciones remotas en las que nunca se caería para tapar tu inoperancia con un compromiso ficticio.
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Ocúpate del alma -dijo el gordo vendedor de carne-.
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